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domingo, 22 de julio de 2012

Fábrica de Sombreros Sucre

Calor pegajoso y un aire surcado por minúsculos trozos voladores de lana de oveja aguardan al que entra a visitar la Fábrica de Sombreros Sucre, pero también cada día a los 160 trabajadores que, repartidos en dos turnos, pasan horas entre ruidos de máquinas, vapor de agua y olor a borrego para producir unas 300 campanas al día. Éstas luego se convertirán en complementos para la cabeza en diversos puntos de Bolivia y del mundo.

Los sombreros son parte indispensable de la vestimenta tradicional del altiplano boliviano, pero han sido un elemento más del atuendo tanto femenino como masculino durante siglos en el planeta.

Para proteger la cabeza del frío, el sol o la lluvia, desde tiempos remotos la humanidad ha usado algún tipo de elemento. Se cree que el origen del sombrero está en el Egipto faraónico, donde la gente utilizaba una cubierta de tela o cuero. En Mesopotamia se decantaron por los turbantes, y en Grecia simplemente se cubrían con mantos. Ya en la Europa medieval, la capucha que usaban los hombres derivó en birrete con una pieza de tela que se colocaba a izquierda o derecha, según la clase social a la que se pertenecía.

Fue durante el siglo XVI cuando surgió el concepto de sombrero que manejamos actualmente y que adoptó la nobleza europea como símbolo de distinción. Durante el XVII, y hasta la Revolución Francesa, los sombreros se hicieron más grandes pues había que combinarlos con las pelucas, muy de moda en aquel entonces. Desde la proclamación del grito por la libertad, la igualdad y la fraternidad, los objetos para cubrir las cabezas masculinas fueron simplificándose hasta llegar a una sobriedad que se mantiene hasta hoy.

Londres fue una de las fábricas de moda en cuanto a sombreros se refiere, al igual que París. El rey Eduardo VII creó también tendencia en el siglo XIX tras una estadía en Alemania, cuando todavía era príncipe, donde se encaprichó por un sombrero tipo Homburg, que adaptó a su vestuario. Rápidamente, su estilo se extendió por todo el Viejo Continente.

El bombín es uno de los tipos más conocidos. Nació poco antes de 1900 y vivió hasta la década de los 60 del pasado siglo. Fue muy popular entre banqueros y corredores de bolsa. Como él, los sombreros en general dejaron de usarse durante los años siguientes a la II Guerra Mundial.

El que parece haber sobrevivido más años es el llamado panamá, el rey de los sombreros de paja. Realmente es de Ecuador, donde lo conocieron los españoles a su llegada al lugar. Su fama llegó con la construcción del Canal de Panamá, país al que Ecuador envió grandes partidas para que lo usaran los trabajadores, y desde donde se exportó al resto del mundo.

Hay ámbitos en los que nunca dejó de usarse el sombrero, como en el famoso hipódromo inglés de Ascot, y hay diseñadores dedicados a él, como Philip Treacy, uno de los más aclamados por famosas amantes de adornar su cabeza como Lady Gaga o Sarah Jessica Parker. El prestigioso Istituto Europeo di Design, con sedes en Italia, España y Brasil, ofrece un máster en diseño de sombreros que tiene ya ocho años.

Desde 1991, la fábrica de Sucre provee de campanas y sombreros clásicos a Bolivia y otros países de América y Europa. Además, tiene un pequeño museo para los visitantes. ¿Alguien cree que este complemento pasó de moda?.

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