miércoles, 6 de enero de 2016

Los almanaques personalizados made in Bolivia están de moda

Los almanaques ilustrados con fotos de chicas en paños menores o de paisajes llenos de flores y montañas al parecer ya pasaron de moda. Muchas empresas y comercios decidieron poner su marca o sus productos en los calendarios que obsequian al principio de cada año a sus clientes.

"Es el único regalo para nuestros clientes y tratamos de mejorarlo. El cliente siempre espera un calendario”, dice Yeishiño Peña, propietario de la carnicería San Elías, que se encuentra prácticamente al lado del mercado Sopocachi de la ciudad de La Paz.

Por eso, desde hace tres años, Yeishiño, nacido en Beni en 1979, decidió incorporar elementos innovadores en el recuerdo que entrega a sus clientes más fieles y optó por crear un almanaque personalizado que represente e identifique "fielmente” a su negocio.

Para 2015 dejó de lado el calendario de una sola lámina, de papel couche o bond, de un gramaje mediano, e ideó uno enorme que tuviera 12 láminas anilladas que representan a los 12 meses del año.

Ilustró cada mes con fotos que escogió con mucha dedicación. Su mayor innovación fue que para agosto decidió poner su foto y la de su esposa Betzabé Taco. "En agosto es nuestro aniversario de bodas”, argumenta.

"Fuimos a un estudio fotográfico y nos hicimos una sesión de fotos. Escogimos las mejores y las enviamos a la imprenta”, cuenta el beniano de 35 años.

Es que para el propietario de la carnicería San Elías un almanaque es "algo muy útil, que la gente necesita y que tiene que tenerlo a la vista”.

"Nuestro calendario quedó lindo, a la clientela le gustó mucho. Y un almanaque es para eso, ¿no? Para que le guste a uno y le dé ganas de colgarlo en un lugar visible porque es lindo y original. Si a mí me regalan uno mal hecho, no me lo voy a guardar”, añade.

Pero tuvo una razón más para dejar de lado las fotos de las chicas con poca ropa: "Creo que una carnicería le puede interesar a los hombres, pero no más que a las mujeres. Además, es difícil que alguien cuelgue un calendario así”.

La innovación le costó caro. Cada ejemplar de los almanaques le resultó a 28 bolivianos. Imprimió más de 2.000.

Para 2016 el beniano decidió mostrar su producto: la carne. En cada mes puso la foto de un corte diferente: un apetitoso pedazo de churrasco en abril, un trozo de jugosa tira en febrero, una carnosa costilla en agosto... "Las fotos las tomamos nosotros y las llevamos a la imprenta”, cuenta.

A pedido del cliente

Roberto Dávila, gerente general de la imprenta Nor Chichas, trabaja hace más de 25 años elaborando almanaques y cuenta que hace unos dos o tres sus clientes comenzaron a personalizar sus pedidos. "Antes, nosotros poníamos las fotos y el texto, y los entregábamos así, pero ahora nos mandan sus fotos y hasta los textos. Ellos diseñan sus productos”, afirma.

Señala que son los dueños de negocios y empresas chicas y medianas los que adoptaron la nueva tendencia.
"Tenemos clientes dueños de carnicerías que diseñan sus almanaques. También hay dentistas y otros profesionales que quieren mostrar sus equipos y a sus profesionales”, señala Dávila, quien nació en Potosí pero de muy joven llegó a La Paz a "la deriva”, pero logró construir un pequeño imperio con su imprenta Nor Chichas, la más conocida de la zona del Cementerio y de la Buenos Aires, de la ciudad de La Paz.

Dávila añade que los cooperativistas mineros también mandan a hacer sus almanaques con las fotos de sus afiliados y trabajadores. Ellos piden calendarios en papel fino, con acabados muy modernos, como separado (autorelieve), texturizado, plastificado y otros, que sólo se logran con ayuda de la tecnología.

Estos trabajos deben ser ordenados hasta con cuatro meses de anticipación debido a que requieren mayor inversión de tiempo de trabajo. ¿Los precios? Se pueden encontrar desde 1,50 bolivianos la unidad, si se trata de productos sólo en papel couche. Más elaborados llegan hasta los 30 bolivianos, cada uno, indica Fernando Anave, de la imprenta Libra.

Yeishiño Peña ya tiene pensado sus calendarios de 2017. En septiembre se pondrá manos a la obra.

"Pensamos poner las fotos de los trabajadores de la carnicería, de la familia y algunas recetas. Queremos algo elegante y bonito”, adelanta el joven carnicero.

Los celulares conspiran contra los calendarios

"Hace 10 o 15 años el negocio de los almanaques era lo máximo. Todos, empresas, negocios y hasta personas particulares encargaban calendarios. No eran personalizados, nosotros los diseñábamos, pero ahora los celulares están acabando con este negocio”, lamenta Roberto Dávila, gerente general de la imprenta Nor Chichas.

El empresario conoce muy bien el negocio de las imprentas. Lo ha seguido desde hace 25 años, cuando decidió emprender el negocio junto a su hermano, que había estudiado serigrafía en Buenos Aires, Argentina.
"Nosotros somos una imprenta folklórica porque elaboramos todo tipo de invitaciones para eventos sociales de las fraternidades del Gran Poder y otras festividades”, comenta Dávila.

Es ese nicho de mercado lo que evitó que su negocio se fuera al pique después de que la impresión de calendarios comenzara a caer.

"Los almanaques de bolsillo prácticamente desaparecieron. Antes todo el mundo tenía uno: los hombres en la billetera o el bolsillo y las mujeres en la cartera, pero ahora ya no”, añade Dávila, Fernando Anave, de la imprenta Libra, señala que sólo las empresas grandes encargan ese tipo de productos.


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